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Vivir cerca del Camino Inca reduce la desnutrición infantil en cinco puntos porcentuales (pp.), aumenta el salario promedio en 24% y reduce la informalidad en casi 7 pp., precisa el columnista

 

El Perú vive tiempos en los que sus principales instituciones están muy desprestigiadas. Tal como lo documentan Acemoglu y Robinson, profesores de MIT, la precariedad de las instituciones es una de las principales razones por las que los países no se desarrollan. En una entrevista, Robinson declaró que “[…] para tener éxito se requiere de una economía organizada que cree incentivos y oportunidades para la mayoría de la gente en la sociedad. Y que eso ocurra depende de cómo funciona el sistema político. Es un problema político el crear las instituciones económicas que generan prosperidad. Pero hay muchos problemas políticos que interfieren en la creación de una sociedad inclusiva”. Una historia conocida.

El desarrollo de instituciones requiere un proceso largo y sostenido. ¿Podemos tener algo de eso en el Perú? Si bien no era una sociedad perfecta, hay una creencia popular acerca de los valores que poseían los incas y que estos se deberían practicar hoy en día.

¿Pero cómo podemos tener alguna medida de lo que significó la institución incaica sobre el desarrollo actual del país? Eso estamos haciendo en un proyecto que comenzó en el 2015, con Ximena Medina y Lucero Villafuerte, ex alumnas de la UP, y que, finalmente, hemos desarrollado y terminado con Ana Paula Franco.

Este tiene como objetivo estimar el efecto de largo plazo de alguna característica de los incas sobre el desarrollo económico y social actual. Para ello, usamos el Camino Inca georreferenciado y comparamos, hoy en día, pueblos que estuvieron muy cerca del camino (20 km a la redonda) con pueblos que estaban más alejados (20 km a la redonda más lejos). Lo que encontramos es muy interesante.

Vivir cerca del Camino Inca reduce la desnutrición infantil en cinco puntos porcentuales (pp.), incrementa en un año la escolaridad, mejora el desempeño en matemáticas, aumenta el salario promedio en 24% y reduce la informalidad en casi 7 pp.

¿Por qué se estaría dando esto? Estas familias se beneficiaron de todo el desarrollo institucional y económico que se dio por dos razones, tal como lo documenta Glave (1989): (i) el sistema de comunicación y de transporte, y (ii) el desarrollo de los tambos a lo largo del camino.

La historia de este último es fascinante. Los tambos sirvieron originalmente para almacenar agua y alimentos para los caminantes. Luego, se convirtieron en las pulperías (bodegas), es decir, empezaron a desarrollar un mercado. Y lo que lo hace iluminador es que eran administradas por mujeres, ya que los hombres estaban en el campo o en las minas. Por ello, los efectos que observamos son aún más fuertes para las mujeres (entre 20% y 60% más grandes). Hay evidencia de que el empoderamiento de la mujer resiste a las creencias culturales acerca de lo que sería su rol en la sociedad (Alesina y Nunn, 2013).

De los resultados debemos rescatar dos aspectos. Primero, el desarrollo político, institucional y económico que permita un intercambio eficiente generará una sociedad más próspera. Segundo, y más importante aún, poner más énfasis en el empoderamiento y participación laboral de la mujer.

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